A cincuenta años de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica es nuestra responsabilidad como pueblo recordar no sólo qué implica una fecha como ésta sino también cómo nos ha llevado al presente estado de cosas.
Es una historia de represión, de violencia ejercida desde el Estado para acallar los reclamos de un pueblo trabajador que se resistía a la injusticia y reclamaba por una mejora en sus condiciones de vida. No podemos hablar de un “Nunca Más” como si el modelo de la dictadura no siguiera presente en el programa económico-político del Estado argentino post-dictadura, como si en las calles no tronaran las armas del Estado contra estudiantes, trabajadores o jubiladxs que se plantan día a día contra éste modelo de miseria.
En la democracia o en las pasadas dictaduras, el gobierno es del capital. La constancia de su reinado solo es amenazada por los esfuerzos de un pueblo trabajador que sabe y supo mantenerse de pie contra los atropellos.
Hoy, más que nunca, los paralelismos entre el modelo de la dictadura y las políticas económicas que atravesamos en la actualidad son evidentes: la flexibilización laboral, la profundización del modelo extractivista (economía primaria) y la apertura indiscriminada de importaciones fragilizan para luego destruir los espacios de trabajo, hundiendo a lxs trabajadores en la miseria y la constante incertidumbre. El modelo del capital hace lo mismo con el ambiente mediante una explotación que se torna insostenible para garantizar la vida y el desarrollo de las comunidades. Cabe recordar que la dictadura militar también abrió las importaciones (destruyendo a la industria local) y permitió el acceso de capitales extranjeros para la explotación de bienes comunes naturales de las comunidades de esta región. El endeudamiento externo, por el cual el Estado se somete a bancas internacionales es también una continuidad. En la dictadura, el FMI liberó un giro por algo más de U$S100 millones, que permitió incrementar las reservas de U$S23 millones a U$S150 millones. También en dictadura se solicitó un plazo al FMI para sostener el programa de estabilización, que básicamente consistía en liberar los precios y congelar los salarios. El gobierno actual pactó con el FMI para refinanciar la deuda de 44 mil millones de dólares que, bien sabemos, no irá ni al bolsillo de lxs trabajadores ni a mejorar condiciones básicas para la vida (salud, educación, infraestructura, etc.).
Estas medidas que favorecen la explotación y someten a lxs trabajadores, sólo son posibles si son acompañadas de una represión y violencia orquestada por parte del Estado, así como por una complicidad cobarde de las cúpulas sindicales, que en dictadura señalaron y entregaron a trabajadores.
El movimiento obrero y sus herramientas de resistencia siguen siendo una molestia para el poder económico, y es por eso que tanto en los 70s como hoy se castiga con persecusión, censura y represión. El 66% de los 30.400 desaparecidxs ejercían de manera activa el sindicalismo de base.
Éste es y fue el rol del Estado: mantener el orden social, silenciar disidencias, y permitir que el capital se desarrolle sin mayores estorbos. Recordarlo es de vital importancia, ya que con esas tácticas nos han infundido el ya tristemente conocido “no te metas”. Como consecuencia, hoy no confiamos en nuestra fuerza, en nuestrxs compañerxs ni en la posibilidad de conquistar, con nuestras propias manos, la dignidad que nos corresponde y se nos adeuda.
Actualmente nos gobiernan quienes supieron ser sus financistas, sus colaboradores o sus abogados en los juicios, también quienes heredaron los beneficios económicos de la tortura, la muerte, la desaparición forzada y el empobrecimiento. La memoria colectiva es fundamental para que no vuelvan las épocas más oscuras de este país, pero también, para identificar a quienes fueron cómplices impunes durante años y que hoy día se siguen beneficiando de las políticas impuestas a sangre y fuego por los militares reivindicando la lucha de la clase obrera para su emancipación.
Desde la Federación Obrera Regional Argentina éste 24 de marzo y a 50 años del golpe decimos, como integrantes de un pueblo golpeado, que es nuestra iniciativa la que pondrá un alto al capitalismo empobrecedor y al Estado represor mediante la organización, solidaridad y revolución social.
Recuperemos las herramientas de lucha histórica para defender lo conquistado e impulsar acciones concretas que beneficien a los trabajadores en su conjunto.
¡Salud y Revolución Social!
Federación Obrera Regional Argentina, 24 de Marzo de 2026.

